Descalzadora visón

 

Descalzadora de estilo isabelino con un refinado tapizado de tercipelo color visón.

 

La sencillez de sus formas y la exención de decoración le da un sobriedad que la hace muy elegante.

Es el complemento ideal para cualquier habitación o salón ya que dará un toque distinguido.

 

 

EPOCA: 1ª Mitad del siglo XX

 

MEDIDAS:: Ancho: 60 cms. Fondo: 51 cms. Alto: 94 cms

 

 

Despues de eliminar varios barnices que tenia la madera, y darle un tratamiento preventivo contra xilófagos, se barnizó para proteger la madera.

 

Después se repararon todo los muelles y otras partes del asiento y se retapizó el asiento con un terciopelo de color visón para conseguir un aspecto sobrio y elegante.

 

Por favor, para cualquier pregunta o aclaración no dude en ponerse en contacto con nosotros.

 

PRECIO: 250 €

 

GASTOS DE ENVIO: Incluidos en el precio para envios a Peninsula y Baleares, otros destinos consultar.

Descalzadora Visón

REALIDADES Y FICCIONES

 

Mi pasión por la lectura se manifestó muy pronto, mucho antes de aprender a leer. Cuando veía a mis padres ensimismados con un libro, sentía una curiosidad indescriptible por entender cómo la simple contemplación de unos signos que yo aún no entendía, pudieran abstraerlos de tal manera. Esperaba con ilusión la lectura diaria de un cuento antes de dormir, un momento íntimo iluminado por la débil luz de la lámpara de la mesilla, en el que me sentía arropado y envuelto por mis padres y por esas extraordinarias y divertidas historias, que consiguieron que asociara la lectura a una atmósfera especial, a un momento de deleite.

 

Años después, y habiendo devorado ya una buena cantidad de libros, mi padre me dijo que tenía una regalo para mí. Pensé que sería otro libro, pero esta vez me sorprendió con una bonita descalzadora color visón. Me dijo con un aire circunspecto desconocido para mí, ”Creo que ya es hora de que tengas tu rincón de lectura”. Sospecho que este regalo no sólo se debía a su interés por apoyar mi pasión por la literatura, sino a la insistencia con la que yo siempre trataba de ocupar su sillón favorito. Sutilmente, trató de que entendiera que cada uno teníamos nuestro rincón preferido y que debíamos respetarlo.

 

Pusimos la descalzadora en mi habitación, al lado de la ventana con vistas al jardín. Pronto se convirtió en mi rincón predilecto, un lugar donde pasé horas y horas ensimismado, tal como había visto tantas veces a mis padres. Hoy, sentado en la misma butaca, pero ya en mi propia casa, espero con placer el día en el que mi hijo trate de arrebatarme mi amado rincón, ansioso por encontrar su propio lugar para soñar.

MÚSICA INSPIRADORA

Objetos Indultados

Una segunda oportunidad siempre es posible