Butaca gris

 

Elegante butaca con brazos de lineas curvas y remates redondeados de mediados del siglo pasado.

 

Es una pieza sencilla que centra el protagonismo en el suave acabado de su estructura de madera de haya, que se ha dejado en su tono natural.

Puede usarse como descalzadora, como sillón de descanso o de lectura. Es perfecta para cualquier ambiente.

 

EPOCA: Años 40/50

 

MEDIDAS:: Ancho: 62 cms. Fondo: 62 cms. Alto: 84 cms

 

 

La madera se ha recuperado por completo, eliminando barnices previos y aplicando un tratamiento preventivo contra xilófagos, para luego barnizar respetando el tono natural de la madera.

 

El asiento se ha reforzado y se han ajustado los muelles, retapizando todo el conjunto con una cálida tela de paño gris perla rematada en su respaldo por cinco botones forrados con terciopelo morado que contrastan con los tonos suaves del conjunto.

 

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PRECIO: No disponible

 

GASTOS DE ENVIO: Incluidos en el precio para envios a Peninsula y Baleares, otros destinos consultar.

Butaca Gris Perla

REALIDADES Y FICCIONES

 

Cinco botones oscuros en su vestido claro, del escote a la cintura. Luego, el vuelo de la falda y sus zapatos negros. Eso es lo que recuerda de su primer encuentro. La mujer sofisticada de gesto duro, casi felino, sentada frente a él en la pequeña oficina de su pequeño negocio de investigador tras el humo denso de su cigarrillo rubio. Porque qué iba a hacer un ex policía, un ex de tantas cosas en aquel Madrid de 1950, sino volver al viejo oficio de indagar, presionar, ser testigo de aquello que los demás no quieren mirar. Su pequeño despacho en la Gran Vía, su escritorio grande y funcional, su vieja Olivetti, la sombra oscura de los archivadores, y ella sentada, elegante, en la butaca.

 

Era el único lujo que se había permitido. Ligeramente reclinada, con unos esbeltos reposabrazos suavizando su perfil, estaba pensada para que los clientes se sintiesen cómodos, seguros, entregados. Y ella allí, semana tras semana, las piernas con descarada delicadeza cruzadas frente a él pidiéndole que buscase a otro.

 

Y ahora, solo, golpea mecánico el cigarrillo contra la pitillera contemplando la butaca vacía; los cinco botones oscuros en el respaldo de su tapizado gris, la silueta desnuda del mueble sin ella. Eso es todo lo que ahora le queda ya con el caso cerrado y roto el encantamiento.

 

Gracias a mi amigo Lucas por este evocador relato.

 

MÚSICA INSPIRADORA

Objetos Indultados

Una segunda oportunidad siempre es posible