Reloj de cocina

 

Reloj de pared electrónico de agujas alemán usado comúnmente en la cocina. El reloj es de cerámica esmaltada en blanco con decoración de motivos geométricos en azul.

 

Tiene la singularidad de poder abrir la tapa de cristal que cubre las agujas, toque muy decorativo además de muy útil para su limpieza.

 

Es perfecto para dar un toque vintage y desenfadado a cualquier cocina o espacio donde se quiera dar una pincelada fresca.

 

EPOCA: Años 60/70

 

MEDIDAS:: Ancho: 18 cms Alto: 22 cms Fondo: 5 cms

 

En muy buen estado. Funciona con una pila tamaño C y su mecanismo responde perfectamente, teniendo un dispositivo para ajustar, en caso de que se adelante o se atrase. Limpio, sin roturas ni grietas.

Por favor, para cualquier pregunta o aclaración no dude en ponerse en contacto con nosotros.

 

PRECIO: 60 €

 

GASTOS DE ENVIO: Incluidos en el precio para envios a Peninsula y Baleares, otros destinos consultar.

Reloj de Cocina

REALIDADES Y FICCIONES

 

Metrónomo

 

Nuestras vidas se regían a través de su tic-tac, que marcaba la hora a la que mi madre me despertaba para ir al colegio, la hora de la comida, de la merienda, la cena… Era un metrónomo que marcaba los ritmos de mi infancia. Ese reloj de la cocina, era el juez inexorable que te obligaba ir a dormir o que establecía hasta cuando podías ver los dibujos en televisión, y todos debíamos acatar su férrea autoridad. En mi caso, sostenía una complicada relación de amor-odio con él, en función de mi propia conveniencia, y a veces creo que achacaba gran parte de mis frustraciones a ese reloj, que con su cruel dictadura acababa con mis momentos de juego o me mandaba a la cama sin tener sueño.

El comienzo de su decadencia fue la llegada del vídeo Betamax a casa, que acabó presidiendo nuestro salón con su reloj de grandes números digitales verdes luminosos, y nos metió de lleno en la modernidad, haciendo que cambiáramos la precisión alemana por la tecnología japonesa. Eran los 80, pero parecía que el siglo XXI estaba ya a la vuelta de la esquina, prometiéndonos inventos tecnológicos increíbles y una nueva manera de concebir el mundo.

 

A pesar de la algarabía inicial, maximizada por lo que la llegada del vídeo supuso para la familia, pronto advertí que este nuevo reloj no iba a hacer mi vida más fácil. Mis ojos se clavaban en él todo el tiempo, no podía dejar de mirarlo, y sus parpadeos luminosos me recodaban constantemente que tenía que dejar de ver la tele y hacer los deberes, o volver al cole por la tarde. Cuando cerraba los ojos en la cama, podía ver los números en mi cabeza persiguiéndome con una tozudez implacable. Empecé a echar de menos el querido tic-tac de la cocina, su blanca y sencilla esfera y cómo su apariencia discreta se fundía en la cocina. Oír su cálido ritmo me relajaba, algo que antes no me había sucedido. Creo que es entonces cuando comencé a tomarme las cosas de otro modo, y a dejar que el tiempo transcurriera como algo natural e inevitable. Eso sí, decidí que jamás tendría un reloj digital.

MÚSICA INSPIRADORA

Objetos Indultados

Una segunda oportunidad siempre es posible